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Saddam
Hussein
Mientras, en la mal llamada Civilización,
otros misantropos se las ven negras para poder ejercer dignamente
los deliquios de la misantropía, el señor
Hussein lleva treinta añotes de descargar sus honorables
necesidades fisiológicas sobre las tumbas de sus
detractores, incrementando el ingreso per cápita
de sus compatriotas y reduciendo las tasas de desempleo
a fuerza de alimentar los panteones con fe y constancia:
un auténtico milagro económico-social.
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